Una gestión adecuada del suelo
El suelo es uno de los recursos naturales más importantes para una nación, ya que de sus condiciones depende el buen estado de los hábitat naturales, las actividades agrícolas, ganaderas y forestales y hasta urbanas. El deterioro y escasa atención que este recurso tiene en materia de regulaciones de uso, manejo y conservación posee actualmente importantes implicaciones sociales, económicas y ecológicas adversas, difíciles de imaginar y valorar cabalmente.
La importancia de proteger la calidad del suelo radica en la naturaleza no renovable de éste en los tiempos de vida humana; en promedio el suelo tarda en formarse de 100 a 400 años por centímetro de cubierta fértil, a través de la interacción del clima, la topografía, organismos y minerales.
La aplicación de técnicas agrícolas convencionales está degradando el suelo y volviéndolo inerte. Por eso es importante que el agricultor tome conciencia de esta situación y recupere su relación con el suelo, practicando una agricultura de conservación que permita frenar la degradación del suelo, la erosión, la contaminación del agua y la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera para, en definitiva, conseguir que el suelo agrícola vuelva a ser suelo de verdad. La producción sustentable debe basarse en sistemas conservacionistas que permitan controlar las principales causales de declinación de la producción.
la degradación del suelo es un problema más importante de lo que aparentemente puede parecer. Porque el suelo no es sólo el soporte físico para las plantas sino que es el centro de vida biológica, donde se degradan sustancias y se produce una actividad depuradora. Cuando la calidad del suelo baja, esa capacidad se deteriora y, por lo tanto, el suelo deja de ser suelo.
La importancia que tiene la evaluación de la degradación del suelo radica en que algunos aspectos de ésta son reversibles a largo plazo, es decir puede volver a recuperarse como la declinación de materia orgánica, o son irreversibles, como la erosión. La erosión del suelo es una de las principales formas de degradación de la tierra. La pérdida de suelo es casi siempre llevada a cabo por la acción del agua y el viento sobre la superficie. Esta erosión afecta a todos los suelos, incluyendo los mejores, con aptitud agrícola y agrícola-ganadera causando mermas importantes a su productividad.
Estos factores inciden cada vez más y, hacen sentir la necesidad de un planeamiento adecuado para la toma de decisiones. Para lograrlo, tanto las autoridades como el sector directamente involucrado con la producción deben contar con todos los datos esenciales sobre las características, propiedades, limitaciones y posibilidades de estos recursos. En función de estos factores que determinan los problemas del suelo, pueden establecerse como área importante que debe ser estudiada a través de programas integrados, entre los cuales hay que establecer:
-Monitorear los efectos a largo plazo de las prácticas agropecuarias y forestales, en la calidad del suelo.
-Evaluar el impacto económico de prácticas de manejo alternativas diseñadas para mejorar la calidad del suelo.
- Examinar el avance de la degradación, la erosión y la acidificación de los terrenos.
-Examinar la efectividad de las políticas diseñadas para dirigirse al tema de calidad del suelo agrícola.
-Mejorar el análisis de las políticas de calidad de suelo incluyendo no sólo valores ambientales sino también factores sociales y económicos.
la agricultura de conservación es la agricultura del futuro ya que este tipo de cultivo consiste en diversas prácticas agronómicas que permiten un manejo del suelo alterando lo menos posible su composición, estructura y biodiversidad, defendiéndolo de la degradación y erosión, intentando ser una respuesta a problemas provocados por la agricultura convencional.
La siembra directa aparece como el sistema que permite controlar la erosión, incrementar el contenido de materia orgánica y mejorar la fertilidad del suelo. Ya que mantiene en superficie importantes niveles de cobertura aportada por los rastrojos de los cultivos. Estos rastrojos son considerados uno de los mayores beneficios sobre la conservación del suelo, ya que el rastrojo en superficie impide el golpe directo de la lluvia, disminuye el escurrimiento y favorece la infiltración y conservación de la humedad. Estos factores implican una escasa pérdida de suelo en siembra directa.
Lamentablemente, en los últimos años se está difundiendo el monocultivo de soja, que aumenta la vulnerabilidad del agrosistema y afecta la conservación del suelo, debido a la escasa cobertura de rastrojos y al balance negativo de la materia orgánica del suelo. Esto se debe a que la sucesión soja-soja sin alterar el uso del suelo entre temporadas puede producir la acidificación de estos suelos. Este proceso se origina por la utilización de variedades de alto rendimiento que extrae nutrientes a una tasa mayor y por el uso de fertilizantes nitrogenados, lo cual implica aumentos en la concentración de hidrógeno, manganeso y aluminio y la inmovilización o deficiencia de fósforo, calcio y magnesio.
Existen variadas preocupaciones en torno a la sustentabilidad del actual modelo donde predomina el cultivo de soja sobre otras actividades agro-ganaderas alternativas, debido a la promesa de renta alta e inmediata.
Desde la perspectiva de la sustentabilidad socioeconómica, cabe destacar que el monocultivo de soja aparece más rentable para los productores que la producción ganadera o lechera o de cultivos regionales extensivos como el poroto, arroz, maní, entre otros, pero desde el punto de vista social cabe destacar que presenta una baja sustentabilidad productiva e implica un menor valor agregado y menor empleo por hectárea que las otras actividades. Si bien el impresionante aumento en el cultivo de soja permitió duplicar la producción en 12 años. Se ha estimado que por cada 50 hectáreas que se reasignan de la producción lechera a la producción de soja se pierde un puesto de trabajo, ya que la producción de soja requiere 10 a 15 veces más superficie para volver a crear dicho puesto de trabajo.
En algunos países en desarrollo la degradación del suelo, la erosión y la acidificación constituyen un problema central, que se origina en las prácticas agrícolas inadecuadas a las que hay que añadir la distribución inequiatativa de la tierra, la disminución del tamaño de las explotaciones agrícolas, el uso indiscriminado de agroquímicos y determinadas políticas agrícolas que privilegian los cultivos de exportación a la producción interna de alimentos.
Cristian Frers
Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social
Integrante de la Mesa de Ecologia y Ambiente del Partido Humanista
E-mail: cristianfrers@hotmail.com
La importancia de proteger la calidad del suelo radica en la naturaleza no renovable de éste en los tiempos de vida humana; en promedio el suelo tarda en formarse de 100 a 400 años por centímetro de cubierta fértil, a través de la interacción del clima, la topografía, organismos y minerales.
La aplicación de técnicas agrícolas convencionales está degradando el suelo y volviéndolo inerte. Por eso es importante que el agricultor tome conciencia de esta situación y recupere su relación con el suelo, practicando una agricultura de conservación que permita frenar la degradación del suelo, la erosión, la contaminación del agua y la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera para, en definitiva, conseguir que el suelo agrícola vuelva a ser suelo de verdad. La producción sustentable debe basarse en sistemas conservacionistas que permitan controlar las principales causales de declinación de la producción.
la degradación del suelo es un problema más importante de lo que aparentemente puede parecer. Porque el suelo no es sólo el soporte físico para las plantas sino que es el centro de vida biológica, donde se degradan sustancias y se produce una actividad depuradora. Cuando la calidad del suelo baja, esa capacidad se deteriora y, por lo tanto, el suelo deja de ser suelo.
La importancia que tiene la evaluación de la degradación del suelo radica en que algunos aspectos de ésta son reversibles a largo plazo, es decir puede volver a recuperarse como la declinación de materia orgánica, o son irreversibles, como la erosión. La erosión del suelo es una de las principales formas de degradación de la tierra. La pérdida de suelo es casi siempre llevada a cabo por la acción del agua y el viento sobre la superficie. Esta erosión afecta a todos los suelos, incluyendo los mejores, con aptitud agrícola y agrícola-ganadera causando mermas importantes a su productividad.
Estos factores inciden cada vez más y, hacen sentir la necesidad de un planeamiento adecuado para la toma de decisiones. Para lograrlo, tanto las autoridades como el sector directamente involucrado con la producción deben contar con todos los datos esenciales sobre las características, propiedades, limitaciones y posibilidades de estos recursos. En función de estos factores que determinan los problemas del suelo, pueden establecerse como área importante que debe ser estudiada a través de programas integrados, entre los cuales hay que establecer:
-Monitorear los efectos a largo plazo de las prácticas agropecuarias y forestales, en la calidad del suelo.
-Evaluar el impacto económico de prácticas de manejo alternativas diseñadas para mejorar la calidad del suelo.
- Examinar el avance de la degradación, la erosión y la acidificación de los terrenos.
-Examinar la efectividad de las políticas diseñadas para dirigirse al tema de calidad del suelo agrícola.
-Mejorar el análisis de las políticas de calidad de suelo incluyendo no sólo valores ambientales sino también factores sociales y económicos.
la agricultura de conservación es la agricultura del futuro ya que este tipo de cultivo consiste en diversas prácticas agronómicas que permiten un manejo del suelo alterando lo menos posible su composición, estructura y biodiversidad, defendiéndolo de la degradación y erosión, intentando ser una respuesta a problemas provocados por la agricultura convencional.
La siembra directa aparece como el sistema que permite controlar la erosión, incrementar el contenido de materia orgánica y mejorar la fertilidad del suelo. Ya que mantiene en superficie importantes niveles de cobertura aportada por los rastrojos de los cultivos. Estos rastrojos son considerados uno de los mayores beneficios sobre la conservación del suelo, ya que el rastrojo en superficie impide el golpe directo de la lluvia, disminuye el escurrimiento y favorece la infiltración y conservación de la humedad. Estos factores implican una escasa pérdida de suelo en siembra directa.
Lamentablemente, en los últimos años se está difundiendo el monocultivo de soja, que aumenta la vulnerabilidad del agrosistema y afecta la conservación del suelo, debido a la escasa cobertura de rastrojos y al balance negativo de la materia orgánica del suelo. Esto se debe a que la sucesión soja-soja sin alterar el uso del suelo entre temporadas puede producir la acidificación de estos suelos. Este proceso se origina por la utilización de variedades de alto rendimiento que extrae nutrientes a una tasa mayor y por el uso de fertilizantes nitrogenados, lo cual implica aumentos en la concentración de hidrógeno, manganeso y aluminio y la inmovilización o deficiencia de fósforo, calcio y magnesio.
Existen variadas preocupaciones en torno a la sustentabilidad del actual modelo donde predomina el cultivo de soja sobre otras actividades agro-ganaderas alternativas, debido a la promesa de renta alta e inmediata.
Desde la perspectiva de la sustentabilidad socioeconómica, cabe destacar que el monocultivo de soja aparece más rentable para los productores que la producción ganadera o lechera o de cultivos regionales extensivos como el poroto, arroz, maní, entre otros, pero desde el punto de vista social cabe destacar que presenta una baja sustentabilidad productiva e implica un menor valor agregado y menor empleo por hectárea que las otras actividades. Si bien el impresionante aumento en el cultivo de soja permitió duplicar la producción en 12 años. Se ha estimado que por cada 50 hectáreas que se reasignan de la producción lechera a la producción de soja se pierde un puesto de trabajo, ya que la producción de soja requiere 10 a 15 veces más superficie para volver a crear dicho puesto de trabajo.
En algunos países en desarrollo la degradación del suelo, la erosión y la acidificación constituyen un problema central, que se origina en las prácticas agrícolas inadecuadas a las que hay que añadir la distribución inequiatativa de la tierra, la disminución del tamaño de las explotaciones agrícolas, el uso indiscriminado de agroquímicos y determinadas políticas agrícolas que privilegian los cultivos de exportación a la producción interna de alimentos.
Cristian Frers
Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social
Integrante de la Mesa de Ecologia y Ambiente del Partido Humanista
E-mail: cristianfrers@hotmail.com

